EL MECHERO BUNSEN

JOSE (1)

     Escribir sobre la vida y muerte de Jose es un proyecto largamente imaginado. Jose fué uno de esos personajes violentos que aparecen en cada pueblo o barrio en una determinada época. Fué hijo de la Transición Democrática en España. Le conocí a él y a sus amigos, y viví en el mismo escenario de sus excesos y trifulcas. Si algún día dispusiera de la facultad de escribir bien, el relato sobre Jose sería para mí el más deseado.

     Anotaré a continuación reseñas sobre la novela de Jose recogidas en los últimos años en unas listas o cajón de sastre que llamo items. El libro lo podría titular "¡Mitiu!", pues era el grito que daba siempre que entraba en un bar o se encontraba con colegas. Hace referencia al final de la frase "please to meet you" de la canción Simpathy for the devil, uno de los himnos de los Rolling Stones.

     Un buen comienzo de Mitiu podría ser así:

     Miraba el cielo raso tumbado sobre la roca más grande del reseco cauce. Todavía nadie se había atrevido a cerrarle sus ojazo negros, pero aunque lo hubieran intentado, sus párpados se hubieran resistido con la misma fuerza que caracterizó a Jose mientras vivió. "Por fin se ha acabado todo", dijo su padre cuando llegó al río acompañado de una pareja de la Guardia Civil.

     La vida de Jose también daría para un buen guión de cine. Algunas de las escenas de Mitiu serían:

  1. Persecución de los alemanes a Jose y Loles desde la gasolinera de Miami hasta el puente del río Llastres. Aquí se ve cómo caen Jose y el Land Rover de los alemanes (mientras se ve a Jose cayendo se intercalan imágenes rápidas representativas de toda su vida)

  2. ....

  3. ....

  4. En su casa de tripi con el doberman

  5. ....

  6. ...

  7. Una de las últimas secuencias: se repite la persecución y la sucesión de imágenes de la vida de Jose.

  8. El padre con la Benemérita junto al cadáver de su hijo

  9. (Ultima escena) La noche siguiente en la puerta de la discoteca Bang-Bang, a pocos metros del lugar donde murió Jose. Mientras todos sus amigos y conocidos estábamos consternados sin querer entrar, una estruendosa tormenta seca tronó durante minutos. Era el último estertor de Jose, su despedida... Todos nos miramos en silencio, sin decir palabra, pues sabíamos el origen de esa extraña tormenta, y nos fuimos aterrados a casa.

     Hablar mucho del Mediterráneo, por ejemplo, la noche de mi primer "tripi" que anduvimos por la playa, y que acabamos en casa de Jose. También hablar del mistral.

     Un subtítulo de "Jose": Guión primo.

     Debo encontrar el lenguaje de aquella época.

     Para el libro "Jose" ver "Los olvidados" y "El bruto" de Buñuel.

     El relato de "Jose" comienza con la muerte de sus protagonistas. El resto, de uno u otro modo, siempre es opinión y leyenda. Luego, ir desgranando hacia atrás la vida de Jose hasta su nacimiento, para acabar con la frase: "Jose nació en ....". 

JOSE (2)

Jose no fue un criminal al uso, aunque acabara dejando a un alemán en silla de ruedas. Esta accion en verdad violenta, pero no homicida, sin alevosía, supuso el principio del fin para él. Con seguridad tuvo la intención de hacer daño cuando en una de sus innumerables peleas sacó del maletero del coche un hacha y con la parte contraria al filo asestó un golpe en la cabeza a varios alemanes. Con la mala fortuna de que el peor parado tenía un hermano policía. Quiero pensar que la violencia engendrada en su interior era desde siempre su forma de vida, la intimidación su comportamiento cotidiano, el miedo ajeno, un motivo constante de burla.

Jose no era un criminal como Ramón Laso, quien hace más de 20 años mató a sangre fría a su mujer para cobrar el seguro de vida y más tarde al hijo común de 6 años porque comenzó a sospechar de su padre. Tras estrangular a su mujer, puso el cadáver sobre la vía del tren para simular un suicidio. A su hijo lo dejó semiincosciente con drogas, lo metió en un coche, fingió un accidente, y acabó carbonizado. Laso sólo cumplió 7 años de cárcel de los 57 que le pusieron.Hace unos días ha sido detenido como sospechoso de matar hace dos años a su pareja y al cuñado de ésta, pero los cadáveres no han sido encontrados. Su maldad lo sitúa en el punto más extremo de la vertiente hobbiana del ser humano. Es el mal hecho hombre, la bestia diabólica, Satán para los religiosos.
Por ello, la violencia de Jose no es tan radical como la de Laso, no hay premeditación, ni ensañamiento con sus víctimas. Atiende a la propia etimología del término “violencia”, que aparece en el siglo XIII derivada de "vis", que significa fuerza. En aquellas sociedades rurales medievales la brutalidad juvenil era algo admitido y se dirigía contra los congéneres próximos y vecinos. 
Jose tenía un autocontrol nulo, quizá tampoco deseaba tenerlo. Recuerdo una ocasión en que fuimos con su coche a la verbena de las fiestas mayores de Vandellós, que se celebraba en el Casal. Éste se dirigió a orinar al wáter y cuando regresó nos aseguró, con cierta ironía, que mientras miccionaba un joven normal le miró un instante y Jose le soltó un puñetazo. “Es que me ha mirado”. ¿Violencia gratuita? Considero que no. No elegía al azar a sus víctimas, y siempre había una razón, por nimia que fuera, para emprenderla a golpes. Quizá Jose se sintió intimidado en una situación tan particular, incluso ante la mirada del joven pudo pensar que era un gay que pretendía algo con él. Otra razón para la descarga violenta podía tratarse simplemente de que un aleman en la discoteca Azahara, en la urbanización del mismo nombre de Miami, mostrara demasiado desparpajo, o que bailara en medio de la pista totalmente desinhibido. Luego Jose se lo encontraba en el restaurante de la gasolinera de Miami y, benevolente, frente a él se pegaba fuertes cabezazos en la barra, reprimiendo así sus deseos de atacarle y quizá infligirle una paliza terrible.
Lo de Jose era pura furia en el filo de la navaja, en un mundo, la España de la Transición, donde se recuperaban las libertades tras 40 años de dictadura con verdaderas ansias, con pasión desmedida. Las fuerzas del orden público eran tolarentes para no ser tachadas de franquistas, y permitían a los nativos ciertas licencias respecto a las drogas o a la violencia con los extranjeros. Con Juan la Benemérita no sólo evitaba tener encontronazos, sino que algunos de sus números incluso le respetaban, admirando en él su hombría y don de gentes. 
En esos años de desmadre muchos vivían al borde del abismo, y muchos practicaron el lema roquero de “vive rápido, muere joven y serás un bonito cadáver”. Entre ellos, mis amigos Frank y Jesús Broto, fallecidos por no ser prudentes frente a una nueva peste, inconcebible en pleno siglo XX, el Sida. El que escribe seguramente se salvó de ésta por seguir estudiando y quizá por ser menos vicioso, aunque esto último estoy convencido de que dependía de los problemas o carencias de cada uno en el hogar propio. Los padres de Frank se separaron cuando éste era un adolescente, y ello debió marcarle profundamente, sobre todo porque su primogénito era ya un vividor que dejó pronto su trabajo en la central nuclear de Vandellós y abrió una ruinosa tienda de deportes en Hospitalet. En cuanto a la familia de Jesús, se caracterizaba ésta por la excesiva religiosidad de los padres, asfixiante se diría, por una abrumadora displina. 
Jose tenía dos amigos incondicionales a los que a menudo llamaba “esbirros”, siempre acompañado de una sonora carcajada, el Loles y el Gero. El primero perteneció a mi grupo de amigos desde años antes que se hiciera esbirro de Jose. Tenía un estudio en la urbanización El Arenal, y muchas noches de invierno acabábamos allí fumando porros y riendo. Loles acompañaba a Jose en la moto cuando huyeron de los alemanes vengativos. Quedó atropellado al inicio del puente, aplastado contra las defensas, antes de que Jose cayera por el puente empujado por el landrover de los alemanes. 
El Gero seguramente se salvó porque la tarde de la tragedia no estaba con Jose. Poco tiempo después conoció a una joven de buena familia, formó un hogar, montó un pub en Miami, y se integró plenamente en la sociedad. Nadie que desconozca su pasado diría que en su juventud fue un ser marginal de comportamientos irracionales, pura carne de cañón. 
Ésta es una historia real con moraleja, con la enseñanza –sin pretender caer en el moralismo, pues al tratarse de un hecho es innegable su valor pedagógico-, de que a pesar de caer en la delincuencia y las drogas, aunque se viva en el arroyo, la vida nos ofrece segundas oportunidades, la vida tiene capacidad renovadora, puede hacer borrón y cuenta nueva. Dentro de la tragedia que es todo fallecimiento, la vida del Gero es un canto a la esperanza, un himno a la bondad del ser humano.