EL MECHERO BUNSEN

PRIMERAS DUDAS Y EL CASO SARA CALDERÓN

"La vida es una cadena de fracasos;
hay que admitirla así" (Benjamín Jarnés)

         Miércoles 1 de diciembre. Primeras dudas sobre mi capacidad de escribir. Si el pensamiento, la capacidad de expresar cosas, es un magma amorfo, mi obsesión es dominar todo ese mundo paralelo al real, ordenando, clasificando, resumiendo, concretando toda la información de que dispongo, es decir, la que ya he transcrito en papel a lo largo de mi vida, y la que revolotea continuamente sobre mi cabeza. Hoy me he levantado con la intención de poner orden a tantos trozos de diarios e items que guardo celosamente. Ya en el pasado intenté agrupar los items en tres apartados: Primer Libro, Generales y Periodísticos. Aún así, todo me parece un conjunto anárquico, inclasificable, y no confío en que pueda extraer de él nada positivo. Pero voy a aprovechar la web para ir incluyendo con paciencia en la subsección "Memorias" todo este corpus de alguna manera literario.

     Ayer cogí de la biblioteca municipal dos libros: "Diario de un escritor", de Fiódor Dostoievski, y "El escritor de diarios", de Andrés Trapiello, para intentar acabar con mi desazón literaria. Dice este último que un diario es "un esfuerzo por sintonizar realidad exterior e intimidad, desenfocada por los propios conflictos afectivos". Yo no sé si tengo este tipo de conflictos. Sí es verdad que no me siento satisfecho con mi vida sentimental, siempre incompleta, dispersa, y más ahora con las posibilidades que ofrecen las redes sociales. En todo caso, si fuera feliz, si no hubiera resentimiento o sed de justicia, no tendría deseos de expresarme. La felicidad y el amor son estados de ensimismamiento, de enajenación mental, poco propicios para la creación literaria.

     Todo lo que he escrito en mi vida no puede considerarse un diario, pues no ha sido realizado con regularidad ni goza de una unidad, de una personalidad propia. Por otro lado, dudo que lo escrito tenga relavancia para un hipotético lector. Siempre me asaltarán las dudas sobre mi destreza literaria. Bueno, éstas las despejaría trasladando a elmecherobunsen todo el bagaje que arrastro desde la juventud, y recibiendo las críticas de los usuarios. Un punto a mi favor es que soy tremendamente autocrítico conmigo mismo, lo que me cauteriza contra la ingenuidad o la ñoñería.

     Recuerdo que a los 34 años comencé a escribir un relato, que titulé "El caso Sara Calderón", basado en un asesinato real acaecido en Tarragona a principios de 1994. El cadáver de Sara, de 23 años y un hijo de 4, trabajadora en un supermercado, fue encontrado en el interior de una acequia. Dos años después su cuñado, ex-toxicómano y violador, fué condenado a 30 años por asesinarla y robarle 30.000 pesetas que venía de cobrar del banco. El proyecto que imaginé prometía.

     Por aquel entonces yo trabajaba de periodista, y me hubiera incorporado al relato como personaje involucrado en la historia, que por mi profesión me facilitaría ser testigo de todo, y -esto de manera ficticia- por conocer a la víctima. El personaje de ella lo hubiera copiado de una joven atractiva que por aquel entonces trabajaba en un bar de la avenida Catalunya donde yo solía ir todas las tardes, y que -con su marido en la cárcel- vivía al filo de la navaja. El caso es que el joven periodista, intuyendo en la ficción quién era el asesino, intentaba vengarse de la muerte de su amiga, con la que había mantenido una relación apasionada.

     El relato comenzaba así: "El frío mistral mecía sus rizados cabellos aquel luminoso domingo de enero. Sus labios de terciopelo estaban pintados con un intenso morado y perfilados con una línea oscura. Vestía un gersey blanco que modelaba su torso. Giñaba un ojo a los fotógrafos, que rodeándola disparaban sus cámaras. Un jubilado madrugador encontró su cadáver semienterrado en una acequia de La Pineda, cerca de la zona de pubs musicales. Presentaba siete heridas de arma blanca (...)".

     Al llegar a la página 7, escribí: "Aunque tuviera coartada yo sabía que el asesino era Tito. Ví que no iba a haber justicia con Consuelo (así llamaba yo a Sara) y me propuse vengar su muerte". Luego, con inquina hacia mí mismo puse en mayúsculas y con un signo de exclamación la palabra "mierda" y abandoné el relato.


     Tengo preparadas unas frases para encabezar mi página del messenguer:

- El abejaruco, a las veinticuatro horas, cuco

- A la moza y a la parra, alzallas la falda
- A la noche, chichirimoche, a la mañana, chichirinada*

* Así soy yo